A. Lepra en Wikipedia
B. Distribución de la Lepra, año 2003
C. Historia de la Lepra
D. Lepra según Organización Mundial de la Salud (OMS)
E. Galería de la “Lepra en China"
La palabra traducida "lepra" viene del heb. tsara' que significa "golpear", "abatir", "azotar". Una persona afectada de lepra había sido azotada presumiblemente como castigo divino por actos pecaminosos. Esto fue cierto en el caso de María (
Núm. 12: 10), de Giezi (
2 Rey. 5: 27), y de Uzías (
2 Rey. 15: 5). En otros casos de lepra mencionados en el AT no queda claro si este principio se aplica o no (
2 Rey. 5: 1;
7: 3)
El hecho de que haya diversos síntomas de la "lepra" mencionada en
Levítico 13-14 refuerza la posición de que, bajo el título "lepra", se comprenden varias enfermedades que afectan la piel. En épocas cuando no existía la ciencia médica como tal, debe haber sido difícil que los sacerdotes dieran un diagnóstico acertado de las diversas enfermedades que afectan la piel. Evidentemente Moisés agrupó todas estas enfermedades similares bajo el título de “lepra”.
La ley ritual declaraba inmundo al leproso. Como si estuviese ya muerto, era despedido de las habitaciones de los hombres. Cualquier cosa que tocase quedaba inmunda y su aliento contaminaba el aire.
Si le declaraban leproso, era aislado de su familia, separado de la congregación de Israel, y condenado a asociarse únicamente con aquellos que tenían una aflicción similar. Ni aun los reyes y gobernantes estaban exentos. Un monarca atacado por esa terrible enfermedad debía entregar el cetro y huir de la sociedad.
En la primera etapa, la enfermedad no dejaba sino una manchita sobre la piel, la cual no causaba dolor ni otro inconveniente. A veces transcurrían meses o aun años, con frecuencia muchos años, desde la primera aparición de las manchas hasta el desarrollo completo de la enfermedad. En las etapas avanzadas de la lepra, el enfermo presentaba un aspecto repulsivo. Se le iban carcomiendo la nariz y los dedos, desaparecían los párpados, perdía completamente la vista, y el enfermo tomaba una apariencia espectral.
El leproso llevaba una muerte en vida. Se le deterioraba la voz y terminaba desapareciendo; el aliento se le tornaba insoportable; las articulaciones se le deformaban o se cubrían de las protuberancias propias de la enfermedad; su cuerpo se cubría de manchas violáceas de carne putrefacta. La enfermedad avanzaba hasta abarcar todo el cuerpo, terminando así con la vida de la víctima. No puede concebirse espectáculo más repulsivo.
Abandonado por sus amigos y familiares, el leproso era en todo sentido un espectáculo digno de lástima. No es de maravillarse que los hombres lo consideraran abandonado de Dios.
Cuando el leproso pide ser “limpio” y luego Jesús lo “limpia” utilizan el verbo griego katharízo, "limpiar", y no therapéub, "curar", "sanar". A diferencia de un "enfermo", que necesitaba ser "sanado", los leprosos como inmundos que necesitaban ser "limpiados". Esta diferencia de términos refleja la idea de que la lepra no se parecía a otras enfermedades, y que la diferencia consistía esencialmente en una impureza moral y ritual.
Lucas 5: 12-14
Existen dos puntos interesantes (dentro de muchos otros) en el verso 13:
a) “le tocó”
b) “al instante”
Lo primero (“tocarlo”): el efecto visual que causaba a los espectadores y el impacto afectivo que transmitía al leproso. De todo lo que el leproso fue capaz de imaginar, en su mente jamás albergo la idea que Jesús lo tocará.
Y lo segundo: la prontitud del milagro. En el caso de los diez leprosos ellos fueron sanado de camino al templo (Lucas 17) y el ciego de nacimiento recobró la vista cuando fue a lavarse al estanque de Siloé (Juan 9).
¿Por qué al “instante”?
Existen muchos factores que determinan cuando, donde y como Dios contesta nuestras peticiones. De hecho ya conocemos varios. En esta ocasión solo nos referiremos a uno: Las prioridades.
Como ya hemos visto la lepra era considerada no solo como una simple enfermedad, sino que era un castigo divino causado por un pecado. Era una manifestación externa de un pecado interno, y el que sufriera de ella no sólo era un excluido moral y socialmente, sino también era considerado como abandonado por Dios.
Así también habían muchas enfermedades que eran vistas bajo el mismo lente: la infertilidad femenina, la ceguera o la parálisis de nacimiento, etc. En otras palabras cualquier enfermedad de origen desconocido o que fuera desde el nacimiento era considerado como una consecuencia de los pecados paternos o propios.
El caso del paralitico en Marcos 2 nos ayudará.
Este paralitico llega donde Jesús, traído por cuatro amigos, al descender del techo. Frente a este hombre Jesús dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Ninguna palabra salió de la boca de aquel hombre antes o después de eta afirmación. El silencio inundo los labios del paralitico. ¿Cómo entonces el Señor le hace este favor?, ¿acaso no era más valioso volver a casa caminando?
Aquí encontramos el nexo entre este paralitico (Marcos 2) y el leproso (Lucas 5). Los dos cargaban con la misma culpa. Años sin saber porque Dios los estaba castigando. Muchas noches en vela intentando descubrir en que habían fallado delante de Dios. Eran menospreciados, heridos y amonestados constantemente. La sociedad, sus familias y sus amigos los miraban como culpables. Dios los miraba como culpables, según ellos.
Cuando el Señor los libera de sus enfermedades, realmente y literalmente, los libera de sus culpas, de sus pecados. Los coloca en comunión con Dios.
No era tanto la curación física como el alivio de su carga de pecado lo que deseaban. Si podían ver a Jesús, y recibir la seguridad del perdón y de la paz con el Cielo, estarían contentos de vivir o de morir, según fuese la voluntad de Dios.
La carga de desesperación se desvaneció del alma del enfermo; la paz del perdón penetró en su espíritu y resplandeció en su rostro. El dolor físico desaparece y todo el ser queda transformado.
Luego el Jesús en el verso 11 pronuncia: “levántate, toma tu lecho y vete a tu casa.” Primero la sanación espiritual y luego la física.
El paralítico y el leproso hallaron en Cristo curación, tanto para el alma como para el cuerpo. La curación espiritual fue seguida por la restauración física.
No debemos pasar por alto esta lección. Él no solo está preocupado por la restauración física, sino por restablecer la paz en nuestro corazón. Le interesa poner al hombre en comunión con cielo.
Esa es una prioridad divina:
Nos invita que contantemente busquemos las cosas celestiales…
Que tener una vida de hábitos espirituales sea nuestra permanente preocupación…
Que día a día estemos a cuenta con él…
Y que participemos de la inexplicable sensación de paz ke produce estar en comunión con él.
Esa debiera ser tu máxima preocupación, el resto es mi problema, dice el Señor. (Mateo 6:33)
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