domingo, diciembre 21

Reflexión: "No huyas de Dios". (Jonás)

Posted by Sergio Salgado On 13:06 | 1 comment

¿Quién no ha jugado alguna vez a las escondidas?

Mientras un amigo cuenta, los demás corremos a buscar el mejor escondite. Luego él saldrá a buscarnos… mientras nosotros haremos todo lo posible para que eso no suceda.


En la Biblia le toco a Adán inaugurar este juego. Dios es aquel que sale en busca del jugador que se esconde.

-¿Dónde estás tú?, pregunta Dios.
(Silencio en el aire)
-¿Dónde estás?, vuelve a preguntar.
(Él es quien toma la iniciativa, busca y llama…)
-Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo… y me escondí, susurra la voz temblorosa del primer hombre.

Este juego se ha extendido y ramificado por la historia de la humanidad. El hombre se esconde y huye de Dios, quien lo busca y llama constantemente.

Romanos 3: 11 es claro: “No hay quien busque a Dios”, no hay quien quiera encontrarse con él.


Así lo también lo vivió Jonás.
El Señor le dijo: "Levántate, y ve a Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí." (Jonás 1: 1, 2)

Ante el llamado a predicar en Nínive, a cerca de 800 kilómetros de distancia, el temor se apodero de él. Su rechazo al mandato divino lo hizo olvidar de que el Dios a quien servía era omnisciente y omnipotente.
Sin duda mientras Jonás vacilaba y seguía dudando, Satanás le abrumó de desaliento.

(Profetas y Reyes 200)

Decidió huir a Tarsis (Tartessos), en la costa sur de España, a casi 3.000 kilómetros de distancia. Ciudad proverbial por su riqueza y que mantenía un activo comercio con la ciudad fenicia de Tiro y con otros países, a los que exportaba plata, hierro, estaño y plomo (Eze. 27: 12).
En ese distante y activo lugar Jonás esperaba huir de su deber y acallar la voz de su conciencia.

En Jope, actual puerto marítimo de Jaffa, a unos 54 km al noroeste de Jerusalén, toma un barco y se recuesta seguro que ha podido engañar a Dios.


Han pasado más de 2700 años y la historia poco ha cambiado. Seguimos intentando escondernos de Dios o esconder nuestros actos de él. Algunos llegan a ignorar su voz. Dios nos/los llama a través de diferentes instrumentos: un volante, un canto, alguna predicación, etc, pero ante estos intentos divinos por alcanzarnos nos alejamos. Aplazamos o postergamos momentos con Dios, decisiones por Dios.

Existen personas que por ningún motivo perderían una visita al médico, pero si aplazan la asistencia al culto u otra cosa relacionada con Dios. Otros prefieren ver partidos de futbol o salir con los amigos en vez de pasar unos momentos estudiando la biblia. Es verdad que todo tiene su tiempo y lugar, eso es indiscutible, pero es el Señor es quien generalmente se ve perjudicado al momento de nuestras elecciones. Él, pensamos nosotros, si puede esperarnos. Pero hoy es el día de la salvación. Nuestra salvación es diaria.

No es un extremo. La asistencia al médico es importante, salir con amigos es entretenido, pasar momentos con la familia es fundamental, cumplir nuestras obligaciones laborales es ser responsable. Todo esto tiene su tiempo. La pregunta fundamental es: ¿Cuál es el tiempo de Dios en tu vida? o ¿has estado rehuyendo sutilmente de Dios?

No abras solamente tu corazón a él, sino también programa tu día para pasar momentos diarios con tu Señor.

Allí radica el secreto del éxito.
No postergues ni ignores.
Deja que Dios te encuentre cada mañana. 



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jueves, diciembre 18

Reflexión:Pasión y Hematidrosis

Posted by Sergio Salgado On 11:09 | No comments

“¿Porqué yo?, si yo no hice nada... ¡¡él fue!!”

Pocos son los que están dispuestos a sufrir un castigo en lugar de otros. De hecho, clamamos por justicia. Buscamos que se encuentre al verdadero culpable… Mientras más grande el castigo menos son los voluntarios.

Esta es una de las razones del porqué el mundo mira de manera incomprensible e irrazonable la muerte de Cristo, pero a la misma vez, la torna el acto más sublime en favor nuestro.

El Señor “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados". (Isaías 53:5)


En este punto es donde llegamos al huerto de Getsemaní.

Es en este lugar (Mateo 26:36) donde Jesús “estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44).

La hematidrosis es un trastorno muy excepcional en la que un ser humano suda sangre.

Sólo ocurre cuando la persona sufre de un elevado nivel de estrés, ansiedad o debilidad, por ejemplo, cuando se acerca el momento de su muerte.

Este estado ocurre cuando los vasos capilares que rodean las glándulas sudoríparas se dilatan y contraen hasta llegar a romperse, causando hemorragias en la capa de la epidermis próxima a las glándulas sudoríparas. Tras esto, la sangre se mezcla con el sudor y sale por los poros de la piel. La pérdida de sangre por esta condición es mínima pero causa que la piel se vuelva muy sensible.

Algunos historiadores han sugerido que Jesús experimentó hematidrosis cuando oraba en el jardín de Getsemaní, debido a que sabía que iba a morir luego.


Al apoderarse de nuestro Señor la agonía del alma, "fue su sudor como grandes gotas de
sangre que caían hasta la tierra."

Los cipreses y las palmeras eran los testigos silenciosos de su angustia. De su follaje caía un pesado rocío sobre su cuerpo postrado, como si la naturaleza llorase sobre su Autor que luchaba a solas con las potestades de las tinieblas.

Había llegado el momento pavoroso (Mateo 26:45, Lucas 22:53), el momento que había de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pendía de un hilo.

Cristo podía aun ahora negarse a beber la copa destinada al hombre culpable. Todavía no era demasiado tarde. Podía enjugar el sangriento sudor de su frente y dejar que el hombre pereciese en su iniquidad. Podía decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volveré a mi Padre.

El Redentor del mundo observa la historia de la familia humana.

Ve que los transgresores de la ley, abandonados a sí mismos, tendrían que perecer. Ve la impotencia del hombre. Ve el poder del pecado. Contempla la suerte que le tocaría, y su decisión queda hecha. Salvará al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por él los millones que perecen puedan obtener vida eterna (1 Juan 1:7; Apocalipsis 1:5).

Dejó los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cayó por la transgresión. Y no se apartará de su misión.


Al mirar la profunda tristeza y el incomprensible dolor que oprimían a Jesús no pode
mos dejar de ser conmovidos por su amor. No podemos evitar extender nuestra mano y aceptar el valioso perdón ofrecido.

En parte, el sufrimiento era físico, pero esto era sólo el reflejo visible del infinito sufrimiento de Cristo como portador de mis pecados, sufriendo mi castigo.


Gracias Señor.


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jueves, diciembre 11

Reflexión: "No me queda Tiempo"

Posted by Sergio Salgado On 10:56 | No comments


-Tengo mucho sueño.
-No me queda tiempo para nada.
-Estoy muy cansado.
-Tengo mucho trabajo.
-Es demasiado tarde.
-Tengo otras cosas que hacer.
-Dios entiende que ahora no alcanzo.
-Es muy temprano.
-Tengo mucho frio.
-Quiero descansar un poco.

Vivimos en un mundo globalizado. Cada día se vuelve más extenuante y demandante. Ya no solo Dios ha quedado excluido de nuestros quehaceres, sino también la familia.

¿Cómo separaba tiempo Jesús?


I. Lucas 5:16 Se retiraba a lugares solitarios.

II. Lucas 6: 12: Pasaba la noche orando.

III. Marcos 1:35 Aún siendo muy oscuro el Señor ya estaba de rodillas.

Es interesante notar que él no esperaba tener durante el día un momento libre, ni tampoco dejaba al azar los minutos de devoción. Pasar tiempo con su Padre era una prioridad y necesidad. Él decidía y tomaba acciones concretas para poder tenerlos: se retiraba y se levantaba.

Pero tampoco fue fácil. A pesar de que tenía mas contacto con la naturaleza y no tener responsabilidades familiares ni laborales a nuestro Señor le era sumamente difícil pasar tiempo a solas para meditar.

En Lucas 4:42 : se indica la razón por la que acudía a estos lugares desiertos: la gente le buscaba y le detenían para que no se fuera de ellos.

En Marcos 6:30-48 nos cuenta como es un día normal en la vida del Cristo.

a) No tenían tiempo para comer. (vers. 31)
b) Debían retirarse a la soledad. (vers. 32)
c) La multitud los seguía a cualquier lugar. (vers. 33)
d) Despidió a toda la multitud que lo fue a escuchar. (vers. 45, Mateo 14: 22-23)
e) Después de toda esta actividad, va al monte a orar. (vers. 46)
f) Entre las 03 y las 06 am. interrumpe sus momentos de oración y acude en ayuda de sus discípulos. (vers. 48)

Estos versos nos muestran que el hábito de orar que Cristo mantenía se basaba en:
1) Decisión: Tomaba la iniciativa separando tiempo y levantándose aun antes del amanecer.
2) Necesidad: Él era consciente de la importancia de dedicar momentos de intimidad, momentos para recibir poder del cielo frente a las tentaciones y pruebas.
3) Prioridad: A pesar de tener días agotadores, aquello no era motivo suficiente para pasar por alto sus minutos con el Padre.

Jacob muy de mañana, después de un impresionante sueño, se levantó e hizo un pacto con Jehová (Génesis 28: 18), y Daniel tres veces al día caía de rodillas delante de su Señor (Daniel 6: 10).

Finalmente, observemos como el salmista nos invita:

Salmo 5:3 De mañana oirás mi voz.
Salmo 55: 17 Tarde y mañana y a medio día oraré.
Salmo 88: 13 De mañana mi oración se presentara ante Ti.



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martes, diciembre 9



Ni el leproso ni el público asistente lo podian creer. Un hombre completamente sano de lepra. Otra vez en comunión con Dios. Frente a sus propios ojos había sanado por Jesús con un solo toque de su mano.

En medio de la alegría este hombre ya se imaginaba ver la expresión en el rostro de su familia al verlos, cuando Jesús lo interrumpe y le dice que no lo dijese a nadie, “sino ve muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza…”.

¿Qué es esto?, ¿Cuán importante era esta ofrenda?


No digas a Nadie.

Probablemente varios factores influyeron en Jesús para que le ordenara al leproso que no dijera nada de lo que había sucedido y para enviarlo "luego" (vers. 43)a presentarse a los sacerdotes.

A) Se necesitaba actuar prestamente para que el hombre pudiera llegar a los sacerdotes antes de que ellos supieran quién lo había sanado. Sólo así podía esperar él una decisión imparcial, pues si los sacerdotes sabían que era Jesús el que lo había sanado, podrían negarse a certificar que estaba limpio.

B) Otra razón importante por la que Jesús le dijo al leproso sanado que no dijera nada, era porque el Maestro procuraba evitar que se creara la reputación de que era tan sólo un taumaturgo. El relato evangélico demuestra que consideraba los milagros como secundarios; su primer gran propósito era la salvación de las almas. Cristo siempre exhortaba a los hombres a que buscaran primero el reino de los cielos teniendo la plena confianza de que su Padre celestial les añadiría las bendiciones materiales que pudieran necesitar (Mateo 6:33)
En Mateo 9:30; 12:16; Marcos 5:43; 7:36; 8:26 se encuentran varios ejemplos cuando Jesús, por éstas y otras razones, prohibió que se divulgaran los relatos de los milagros que realizaba. (CBA, Tomo V, pág. 562)


En el libro de Levítico, capitulo 14 encontramos la ceremonia que debía hacer.

Esta era la primera de dos ceremonias y se realizaba fuera del campamento. Le permitía volver a relacionarse con los demás inclusive con su familia.

Necesitaba dos avecillas silvestres, madera de cedro, hisopo y grana. El sacerdote matará una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes (o que fluyen) luego tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo.

Debe haber sido un cortejo gozoso el que lo acompañaba de vuelta al campamento.

La ceremonia era un hermoso cuadro de lo que Dios había hecho y haría por el leproso. Era la imagen del leproso, condenado a muerte, y de su liberación.

De la misma manera que él se encontraba libre de la enfermedad, la avecilla era soltada libre a la faz del campo. Esta ofrenda presentada y liberada volaría manchada en sangre esparciendo, sin saberlo, un mensaje de esperanza. Sería portadora, una mensajera muda de la curación divina. Volaría por lugares seguramente habitado por comunidades de leproso. Al verla, aquellos sin esperanza, verían como se repite la antigua historia de Naamán. La curación era posible, la salvación había llegado. La lepra podía ser curada.

Secuelas

Las personas necesitan encontrase hoy con la única esperanza de una vida mejor.
Convalecientes de diferentes enfermedades como la ceguera moral, parálisis espiritual, conformismo religioso, consumismo, etc. También otros que se ven a ellos mismos sin posibilidad de ser perdonados por Dios. Millones que se sientes decepcionados por las religiones, y por qué no, algunos que también se encuentran en las filas del cristianismo.

Para esta misión Dios ha permitido a los propios seres humanos trabajar a favor de otros.
Así como la avecilla vuela por el campo y testifica de la salvación a través de su pecho ensangrentado, yo puedo y debo transitar por este mundo oscuro viviendo como un testigo de Dios. Es decir, un testimonio del poder divino que manifestaba Jesús, de su cordial interés en las necesidades de la humanidad

¿Por qué "viviendo"? Tal como la vida de Juan el Bautista, nuestra vida debe ser consecuente con el mensaje que hemos creído.

Pablo menciona que somos ‘cartas abiertas’ (2 Corintios 3:2-3) leídas por todos. En Ezequiel se nos presenta como atalayas (Ezequiel 33) que advierten con ‘sonido certero’ el peligro inminente. Somos ungidos con el propósito de “anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).


La ofrenda de este leproso volaba con un mensaje claro y directo: “Yo he si
do sanado. Tú también puedes ser sano”. ¿Cuántos hoy caminan por las calles pensando que ni Dios se acuerda de ellos? Se sienten abandonados, sin solución a complejos problemas. Para ellos el mensaje es el mismo: “Dios me ha bendecido/liberado/sanado/perdonado. Él también puede bendecirte/liberarte/sanarte/perdonarte. Él es real y está sumamente preocupado por ti.

La esperanza es Jesús. No lo olvidemos.
Mi vida tal cual es, es un testimonio a favor o en contra Dios.
Tu vida puede ser como aquella paloma: Testigo silencioso y fiel de la obra restauradora de Dios.



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jueves, diciembre 4

Reflexión: “Quiero, sé limpio” (II Parte)

Posted by Sergio Salgado On 10:07 | No comments

Revisa: Parte 1 - Parte 3
A. Lepra en Wikipedia

B. Distribución de la Lepra, año 2003

C. Historia de la Lepra

D. Lepra según Organización Mundial de la Salud (OMS)

E. Galería de la “Lepra en China"



La palabra traducida "lepra" viene del heb. tsara' que significa "golpear", "abatir", "azotar". Una persona afectada de lepra había sido azotada presumiblemente como castigo divino por actos pecaminosos. Esto fue cierto en el caso de María (Núm. 12: 10), de Giezi (2 Rey. 5: 27), y de Uzías (2 Rey. 15: 5). En otros casos de lepra mencionados en el AT no queda claro si este principio se aplica o no (2 Rey. 5: 1; 7: 3)

El hecho de que haya diversos síntomas de la "lepra" mencionada en Levítico 13-14 refuerza la posición de que, bajo el título "lepra", se comprenden varias enfermedades que afectan la piel. En épocas cuando no existía la ciencia médica como tal, debe haber sido difícil que los sacerdotes dieran un diagnóstico acertado de las diversas enfermedades que afectan la piel. Evidentemente Moisés agrupó todas estas enfermedades similares bajo el título de “lepra”.

La ley ritual declaraba inmundo al leproso. Como si estuviese ya muerto, era despedido de las habitaciones de los hombres. Cualquier cosa que tocase quedaba inmunda y su aliento contaminaba el aire.

Si le declaraban leproso, era aislado de su familia, separado de la congregación de Israel, y condenado a asociarse únicamente con aquellos que tenían una aflicción similar. Ni aun los reyes y gobernantes estaban exentos. Un monarca atacado por esa terrible enfermedad debía entregar el cetro y huir de la sociedad.

En la primera etapa, la enfermedad no dejaba sino una manchita sobre la piel, la cual no causaba dolor ni otro inconveniente. A veces transcurrían meses o aun años, con frecuencia muchos años, desde la primera aparición de las manchas hasta el desarrollo completo de la enfermedad. En las etapas avanzadas de la lepra, el enfermo presentaba un aspecto repulsivo. Se le iban carcomiendo la nariz y los dedos, desaparecían los párpados, perdía completamente la vista, y el enfermo tomaba una apariencia espectral.

El leproso llevaba una muerte en vida. Se le deterioraba la voz y terminaba desapareciendo; el aliento se le tornaba insoportable; las articulaciones se le deformaban o se cubrían de las protuberancias propias de la enfermedad; su cuerpo se cubría de manchas violáceas de carne putrefacta. La enfermedad avanzaba hasta abarcar todo el cuerpo, terminando así con la vida de la víctima. No puede concebirse espectáculo más repulsivo.

Abandonado por sus amigos y familiares, el leproso era en todo sentido un espectáculo digno de lástima. No es de maravillarse que los hombres lo consideraran abandonado de Dios.

Cuando el leproso pide ser “limpio” y luego Jesús lo “limpia” utilizan el verbo griego katharízo, "limpiar", y no therapéub, "curar", "sanar". A diferencia de un "enfermo", que necesitaba ser "sanado", los leprosos como inmundos que necesitaban ser "limpiados". Esta diferencia de términos refleja la idea de que la lepra no se parecía a otras enfermedades, y que la diferencia consistía esencialmente en una impureza moral y ritual.

Lucas 5: 12-14

Existen dos puntos interesantes (dentro de muchos otros) en el verso 13:
a) “le tocó”
b) “al instante”

Lo primero (“tocarlo”): el efecto visual que causaba a los espectadores y el impacto afectivo que transmitía al leproso. De todo lo que el leproso fue capaz de imaginar, en su mente jamás albergo la idea que Jesús lo tocará.
Y lo segundo: la prontitud del milagro. En el caso de los diez leprosos ellos fueron sanado de camino al templo (Lucas 17) y el ciego de nacimiento recobró la vista cuando fue a lavarse al estanque de Siloé (Juan 9).

¿Por qué al “instante”?

Existen muchos factores que determinan cuando, donde y como Dios contesta nuestras peticiones. De hecho ya conocemos varios. En esta ocasión solo nos referiremos a uno: Las prioridades.

Como ya hemos visto la lepra era considerada no solo como una simple enfermedad, sino que era un castigo divino causado por un pecado. Era una manifestación externa de un pecado interno, y el que sufriera de ella no sólo era un excluido moral y socialmente, sino también era considerado como abandonado por Dios.

Así también habían muchas enfermedades que eran vistas bajo el mismo lente: la infertilidad femenina, la ceguera o la parálisis de nacimiento, etc. En otras palabras cualquier enfermedad de origen desconocido o que fuera desde el nacimiento era considerado como una consecuencia de los pecados paternos o propios.

El caso del paralitico en Marcos 2 nos ayudará.

Este paralitico llega donde Jesús, traído por cuatro amigos, al descender del techo. Frente a este hombre Jesús dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Ninguna palabra salió de la boca de aquel hombre antes o después de eta afirmación. El silencio inundo los labios del paralitico. ¿Cómo entonces el Señor le hace este favor?, ¿acaso no era más valioso volver a casa caminando?

Aquí encontramos el nexo entre este paralitico (Marcos 2) y el leproso (Lucas 5). Los dos cargaban con la misma culpa. Años sin saber porque Dios los estaba castigando. Muchas noches en vela intentando descubrir en que habían fallado delante de Dios. Eran menospreciados, heridos y amonestados constantemente. La sociedad, sus familias y sus amigos los miraban como culpables. Dios los miraba como culpables, según ellos.
Cuando el Señor los libera de sus enfermedades, realmente y literalmente, los libera de sus culpas, de sus pecados. Los coloca en comunión con Dios.

No era tanto la curación física como el alivio de su carga de pecado lo que deseaban. Si podían ver a Jesús, y recibir la seguridad del perdón y de la paz con el Cielo, estarían contentos de vivir o de morir, según fuese la voluntad de Dios.
La carga de desesperación se desvaneció del alma del enfermo; la paz del perdón penetró en su espíritu y resplandeció en su rostro. El dolor físico desaparece y todo el ser queda transformado.

Luego el Jesús en el verso 11 pronuncia: “levántate, toma tu lecho y vete a tu casa.” Primero la sanación espiritual y luego la física.

El paralítico y el leproso hallaron en Cristo curación, tanto para el alma como para el cuerpo. La curación espiritual fue seguida por la restauración física.

No debemos pasar por alto esta lección. Él no solo está preocupado por la restauración física, sino por restablecer la paz en nuestro corazón. Le interesa poner al hombre en comunión con cielo.

Esa es una prioridad divina:

Nos invita que contantemente busquemos las cosas celestiales…
Que tener una vida de hábitos espirituales sea nuestra permanente preocupación…
Que día a día estemos a cuenta con él…
Y que participemos de la inexplicable sensación de paz ke produce estar en comunión con él.

Esa debiera ser tu máxima preocupación, el resto es mi problema, dice el Señor. (Mateo 6:33)



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